La transparencia del cine de Sergei Loznitsa (Baranovitchi, Bielorrusia, 1964) es engañosa. Salvo sus dos títulos compuestos con material de archivo, el primero filmado durante el sitio de Leningrado en la II Guerra Mundial (Blokada) y el segundo con metraje de representaciones musicales de la era estalinista (Revue), toda la filmografía de Loznitsa ofrece estampas contemporáneas –de Bielorrusia o de otros lugares de la extinta URSS– donde nada parece haber cambiado. Nos será imposible saber si vemos imágenes obtenidas en torno a 1950 o después del año 2000.
Loznitsa recrea, más que documenta, un ritmo de vida ajustado a las exigencias de la naturaleza (como en Portrait, Settlement o Northern Light), las urgencias y rutinas diarias experimentadas con resignada pereza (The Factory, Landscape), o las poco sofisticadas formas de trabajo (Artel, Today We Are Going to Build a House). No habrá señal alguna del mítico progreso sobre el que han reposado todas las utopías del siglo XX.
El cineasta no sólo crea imágenes espléndidas en las que aparece ese tiempo detenido, sino que es además un extraordinario compositor de sonidos “de ambiente”. Toda esa poética desarrollada a lo largo de una sólida filmografía formada por “documentales”, se condensa en su espléndido primer largometraje de ficción, My Joy, estrenado en la Sección Oficial del Festival de Cannes de 2010. En la actualidad, Loznitsa prepara su segundo largo de ficción, In Fog, basada en una novela de Vasily Bikov.








